Aquella báscula no pudo reprimir su enfado. Cuando quise comprobar mi peso y la coloqué en medio de la habitación creyó que iba a cumplir sus labores profesionales.
Contrariada por su inactividad, interrumpió mi silenciosa espera con una salida de tono inesperada:
-Bueno, ¿te subes o no te subes?

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